domingo, 9 de octubre de 2011

#1


Prende el equipo y aprieta play en el control remoto. “Look what´ve you done” de Jet empieza a sonar con el triste piano de intro de una canción típicamente mamona y angustiosamente corta venas. Son las once de la noche y Santiago prende su cuarto cigarro mirando culpablemente a Totó, el gato que le regaló su ex hace casi seis meses y que ahora lo mira no precisamente para reprenderlo por haber vuelto a fumar, sino porque desde la mañana que no le llena el pocillo con agua, y el mirarlo fijamente desde la puerta de la cocina es la señal inequívoca de que tiene que cumplir con su deber de dueño. Con la mecanización que implica estar pensando en otra cosa, llena el pocillo del gato mientras que con el cigarro en la boca mira el reloj de la cocina de reojo acordándose que en un par de minutos se junta con el Tito para asistir al maldito ritual que sigue hace un par de años y que no tiene manera de zafarse; el cumple del Pachanga, amigo de la infancia y primo de la mina que lo ha tenido mal desde que terminaron, Victoria o Vicky para los amigos. Piensa que todavía está a tiempo de inventar una buena excusa y no ir, pero el orgullo es más grande y no le va a dar en el gusto a los que piensen que una mina lo tiene mal, piensa. Además,  el Tito ya le avisó que en cinco minutos llegaba al depto. 

En uno de los edificios se ve a Totó muallando.
El gato come y bebe la porción nocturna y él sale al balcón para mirar las luces en busca de valor y actitud para afrontar lo que va a ser una larga e incómoda noche cerca de su ex, quien según las malas lenguas ya habría sacado el clavo con un nuevo andante. Inevitablemente se iban a topar, y con una sonrisa falsa le iba a preguntar sobre su viaje a Europa, del matrimonio de su hermana y obviamente, por sus ex­­-suegros, quienes todavía lo seguían queriendo como el hijo que no habían tenido. De eso se sentía curiosamente orgulloso, aunque ahora no le servía de nada. En fin, ya lo tenía pensado. Una conversación de no más de cinco minutos que lo tendrían frente a la única mina que lo había hecho sentar cabeza, después de años de relaciones cortas y sin importancia. Carpe diem, repetía Santiago en sus años de gloria, que ahora lo tenían con una evidente guata  producto de la chela y haber renunciado al equipo de la liga, aduciendo una lesión a la rodilla, cuando todos sabían que literalmente lo habían quebrado, pero no físicamente.
El Tito llega con su particular estilo; hablando por celular con su próxima conquista y riéndose de las cosas que aún tiene que decir para conseguir mina para el fin de semana. Saluda con un beso a su camarada y se sienta en el viejo sillón apoyando los pies en la mesa de centro. No se ven hace dos meses, pero con un par de palabras se ponen al día de lo más importante para llegar a la pregunta de rigor:

- Y? cómo estamos pa hoy? lo mejor es que te armí de valor y pongai la mejor cara para demostrar que ya estás bien po… cierto? 

Santiago lo escucha desde el dormitorio mientras se mira en el espejo tratándose de convencer del sí que le grita de respuesta y prometiéndose que al otro día sacará la foto de ella que tiene en la esquina del armario.

-Si wn, todo bien. Vamos.

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